Nota aclaratoria publicidad ....

Alguien ha invadido mi blog con publicidad, cuando lo abrís, la publicidad se abre con él. Alguien lo ha hecho para beneficiarse con mi blog. Os ruego que si alguien sabe cómo quitarlo me lo hagáis saber. Un beso y gracias.

17 de noviembre de 2008

Empiezo a verme, pero de verdad ...


El sábado tuvimos que salir de casa corriendo porque mi hijo estaba malito y estaba muy nervioso, la idea era ir a pasear un poquito para que le diera el aire, se distrajera y se relajara un poco. Y asi fue. Cuando estaba vistiéndome para salir, cogí unas bambas de verano que era lo primero que tenía a mano. Y para ir más rápida me las iba a poner sin calcetines, da igual, pensé, sin embargo, recordé que la última vez que me las puse ya pasé frio y casi me costipo. Asi que fui y me puse los calcetines aunque tardé dos minutos más. Porque sí, mi hijo dejaría de llorar dos minutos antes si yo no me los ponía, pero ... no podría atenderle durante días si me resfriara y cayera enferma. Sí, lo pensé. Era la primera vez que pensaba con coherencia sobre mis necesidades y las de mis hijos. No como siempre, ellos, ellos, porque además no hacía lo correcto. Pues a ellos tampoco les beneficiaba dejarme yo como una segundona. Yo también me tengo que cuidar aunque les deje dos minutos llorando, porque yo soy importante. !Que absurdo ¿verdad?! Me refiero al hecho de haber tardado tanto en entenderlo. Lo sabía, me lo habían dicho muchas veces, pero yo no lo entendía. El otro día, lo entendí, pero fue porque yo me empezaba a ver, empiezo a sentir que también formo parte de este mundo, y no estoy solo para facilitarle la vida a los demás. Yo también tengo vida.

Como ayer, durante el fin de semana he atendido a mis hijos, he limpiado, he hecho la compra ... vamos lo normal de una madre de familia. Ayer sin embargo estaba ya al límite, llevaba una hora intentado dormir al peque enfermito, haciendo que dejara de llorar ... estaba muy nerviosa, mucho. No había parado en todo el fin de semana. Y al salir del dormitorio e irme a duchar, le pido a mi marido que si llora el peque que vaya enseguida a atenderle que me ha costado mucho dormirle, que no le deje llorar por favor. "Sí, claro, angustias..." Me contesta ¿angustias? Encima, joder, él ha echado la siesta, hacía apenas una hora que estaba en casa, yo mientras haciendome cargo de los niños. Y porque le digo que no le deje llorar ¿me trata de histérica? Lo lamento, no me enorgullezco de ello, pero lo envié un poquito a la mierda. Ah! Eso sin tener en cuenta que mientras yo dormía la peque él estaba al ordenador, y se ve que tenía algún problema y cuando aparezco me dice " ¿me traes el número del modem que está en el dormitorio? " Sin lugar a dudas debe tener alguna extraña enfermedad que le hace tener los huevos pegados al sofá en contacto con el calor, porque desde luego se cubrió de gloria, desde luego no fui a por el número. Y encima cuando le digo que esté pendiente del niño me llama angustias. Evidentemente estalló, yo solo quería ejercer mi derecho a la pataleta, dos o tres contestaciones para descargar un poquito, solo necesitaba una dosis de paciencia, pequeñita, solo eso. Pero él no estaba para tener paciencia. A lo largo del fin de semana hemos hecho muchas cosas juntos en casa, sin embargo el sábado yo me levante a las 6 y el a las 9, echó siesta mientras me iba a comprar con los niños y colocaba la compra. Y el domingo también echó siesta. Y sí, a cambio, solo esperaba que me aguantara un poquito mi mala leche, solo hubieran sido dos minutos. Pero claro, estaba agobiado, Y yo me pregunto ¿ qué más necesita para estar bien, tranquilo ? Yo ya más no sé que hacer. Entró en el dormitorio, se acostó pero como yo estaba hablando por teléfono se fue pues no le dejaba dormir, imagino. Salí " atiendo a los niños, la casa, te he dejado descansar y encima aguanto la geta en el dormitorio, solo necesitaba que me aguantaras un poco " " yo no tengo geta" me dice, " excusas no me has venido pidiendo desde luego ". No hemos vuelto a hablar. Sinceramente, sé que estuve desagradable, y que le provoqué hasta que nos enganchamos, pero yo no buscaba eso, solo buscaba soltar cuatro frescas, que me aguantara, y luego, 10 minutos más tarde hubiera ido pidiendole perdon. Pero él también estaba agobiado y cargado claro. Ha dormido en el sofá, y yo me he hecho cargo de los niños toda la noche. Sola. Esta mañana ha soltado un par de indirectas o directas sobre que yo lo quiero controlar todo. Lo siento, no es que yo quiera controlarlo todo, es que yo sé lo que tengo que hacer, y es atender a mis hijos. Yo no tengo que estar despertandote cada vez para que hagas un biberon, estate pendiente de ellos igual que lo estoy yo. Los tiempos en que te decía lo que tenías que hacer se acabaron, para lo bueno y para lo malo. ¿Quieres atenderles? Lo haces ¿ quieres dormir sin estar pendiente ? Lo haces también. Que haga lo que quiera, durante mucho tiempo he querido controlarlo todo, pero ahora ya no. Atiendo a mis hijos que es mi obligación, pero no le digo a nadie lo que tiene que hacer. Sé lo que tengo que hacer, y lo que no. Y ya ni quiero, ni tengo ni puedo decirte cuales son tus obligaciones. Cada uno ya es grandecito. Y sí, esta vez espero una disculpa, de las mías, con la palabra perdon y los remordimientos sobre la mesa. Porque después de estar consintiendote todo el fin de semana, teniendo deferencias contigo, dejandote descansar mientras yo cargaba en el super, no me merezco que no tengas un poquito de paciencia conmigo, sabes que era poca la que necesitaba. Sin embargo, como siempre, no tienes bastante con nada. Si descansas una hora, es que necesitas dos; si estamos donde mis padres para relajarnos un poco, es que mi madre habla mucho; si duermes, es que oías a los niños y no has conseguido descansar del todo. Mira, yo ya sé lo que tengo que hacer, e invierto mis energias en mi familia. No en decirle a una persona de 40 años cuales son sus obligaciones. Y es simple, espero un perdón porque me lo merezco y yo lo valgo, qué coño, porque tengo razón. Y lo digo muy tranquila, sin dramas, sin histerias, sin decisiones radicales. Solo con la convicción de saber qué es lo que me merezco.

En fin, otro fin de semana más agotador, y disfrutando de la rutina tan fantástica de la familia.

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